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 ¿Te conozco? [Camilla y libre]

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Lilyane I. Grebe
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MensajeTema: ¿Te conozco? [Camilla y libre]   Miér Sep 15 2010, 10:20

Maldita sea... no podía creer que estemos en esta situación. Es ridículo. ¿Van a procesarme por algo que ni si quiera hago? No me prostituyo, no señor. Ningún hijo de p*ta, ningún amargado empresario corrupto, ningún jodido drogata de la calle, ningún cabrón sin escrúpulos iba a tocarme. Y sin embargo aquí estoy, junto con otro par de prostitutas y un travesti que me miran con ojos de culpabilidad. ¿Qué les ocurre?

-Cariño, búscate otro empleo. Eres muy joven. - Comenta una de ellas.
-Además, con esa carita nos vas a joder a todas.- Dice el señor con falda.

Echo la cabeza hacia atrás y resoplo. Joder, joder, joder. Miro al techo. Telerañas y humedades.
No podía decirles que en realidad este no es mi oficio, no podía contarles cuales eran mis verdaderos planes ya que si alguien se iba de la lengua, podía pasarlas muy mal. Pero tenía que hacer algo. Rápido. Si alguien me reconocía o descubría mi nombre las denuncias y las órdenes de captura hablarían por sí solas.
Suspiré y me pasé las manos por el pelo. Encima me habían quitado las armas. Todas.
Miro a las prostitutas, continúan mirándome de arriba a abajo. Sin expresión, solo esperan.

-¿Cuanto tiempo soleis estar aquí?
-¿Nunca te habían pillado? Pues entre... una noche y 24 horas.
-Si, hasta que nuestro lider viene a buscarnos. O cuando se cumple la condena.

Líder, proxeneta.
Increible pero cierto, solían echarlas a las calles para mantener los calabozos libres, había peores delitos que la prostitución. ¿Quién me salvaría a mí? Me pregunté.

Entonces se abrió la puerta del pasillo. A través de las rejas vemos aparecer a un par de agentes que comienzan a lanzar piropos. Algunos me miran y sugieren cosas muy obscenas sobre como podría ganar mi libertad. Mamones. Les reventaría la cabeza.
Levanto la cabeza cuando una última persona cruza la puerta. Los otros se quedan callados, casi contienen la respiración y... No puede ser, es ella. Es... Dios mío. Lo es. Es su superior. Es todo lo que podía odiar... es... como nuestro padre.

Bajo la cabeza en cuanto la reconozco. creo que no me ha visto. Quizá pueda ganar unos segundos.
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Camilla A. Träff
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MensajeTema: Re: ¿Te conozco? [Camilla y libre]   Jue Sep 16 2010, 19:32

Resoplé, como si alguien fuese a oir mi queja, mientras caminaba a lo largo del pasillo que me conducía a la pequeña prisión. Se encontraba en la última planta del gran edificio. ¡Sorpresa! Ascensor roto. Y yo en la sexta, en mi despacho, haciendo cosas más interesantes que interrogar a un puñado de niñatas. Odiaba que me molestasen mientras intentaba liberar mi mesa del desordenado papeleo que la inundaba, cual mantel sucio de tinta y fotografías ya demasiado familiares. "Inspectora Träff, necesitamos que..." Jonh. Estúpido Jonh. Jodido Jonh. Aunque al menos llamaba a la puerta. Pero no espera; la abre de golpe. Sabe de sobra que no le diría el típico "adelante". Sino un cortante "lárgate y vuelve más tarde". En fin... ¿Qué remedio? Bajar cuanto antes los cientos de escalones, a paso ligero sobre los altos tacones negros, y acabar lo más rapidamente posible con las que me esperaban en sus celdas.

Estrellé la palma de mi mano contra la puerta, empujando con fuerza y haciendo que ésta chocase de golpe con la pared, húmeda y descascarillada, de aquella habitación maloliente y mal iluminada. A tiempo. Justo a tiempo. El jodido Jonh y otro amiguito - al cual no conocía ni tampoco me interesaba hacerlo - murmureando no se qué de "...una mamada y listo, rubia".
Me quedé junto a la puerta, con los brazos relajados a ambos lados y con la barbilla ligeramente subida. No porque fuese baja y me hiciese falta alzar la vista para mirarlos fijamente, sino porque cuando pretendía imponerme solía adoptar esa postura. Les miré con los ojos entrecerrados y la mandíbula en tensión. Ahora habían cerrado la boca. Sabían perfectamente los que le iba a caer encima cuando acabase con los encarcelados. En un movimiento corto, conciso y suficiente, les indiqué con la cabeza que se fueran por donde habían entrado.

- Largaos. - Dije simplemente, con voz baja y calmada. No. No quería desatarme. No, ahora no. A paso ligero y con la cabeza gacha desaparecieron por la puerta. Cuando la misma volvió a cerrarse en un ruidoso coque contra la pared, me dirigí hacia los barrotes, haciendo resonar los tacones, en un eco que chocaba entre cada una de aquellas cuatro paredes. Me mantuve erguida frente a ellos. Tres tías y media. Y medio tío, claro. Reconocí tres rostros, los que pude ver con claridad. El restante miraba hacia abajo, como intentando esconderse.

- ¿Tengo que explicaros lo de siempre u os lo sabeis ya de memoria? - Digo en un claro tono sarcástico y con cierto resquemor. Seguía imaginandome los papeles amontonados en mi escritorio, y eso me sacaba de mis casillas. Abrí la carpeta que llevaba bajo el brazo para comprobar el nombre de la nueva. El de los otros tres ya no me interesaba: la semana que viene volverían a pillarlos. Costumbre.
Lo pensé mejor. Volví a cerrarla, sin haberme dado tiempo a ver nada.

- Eh, tú... La nueva. Tengo mejores cosas que hacer que jugar al "¿Quién es quién?"...- Dije, intentando llamar su atención, no con mucho interés y mostrando mi impaciencia. - Tu nombre. - Mi tono cambió radicalmente, mostrando mi firmeza. No era una petición, era una exigencia. Una orden. Mantuve mi vista fija en ella. Había algo que... me resultaba...
¿En realidad estaba tan segura de no haberla tenido en prisión antes?
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Lilyane I. Grebe
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MensajeTema: Re: ¿Te conozco? [Camilla y libre]   Vie Sep 17 2010, 15:12

Controlaba mi propia respiración. Era algo que no me gustaba, siempre me había agobiado. Me hacía sentir claustrofóbica aunque lo mío no fuese eso especialmente, pero la sensación de ahogarte, como cuando el agua te cubre por completo era la peor sensación que mi cabeza podía experimentar. Sin embargo, apreté los dientes cuando me preguntó mi nombre y no fui capaz de levantar la cabeza. No quería hacerlo. No quería verle la cara. No sabía como podía reaccionar. Ni ella ni yo misma. No tenía armas no tenía nada que decir. ¿Qué podia hacer? Me limité a fijar la vista el el suelo gris. Descrucé las piernas lentamente ya que apenas las sentía, medio dormidas. Sabía que no podían llevarme a ninguna parte, que no podia correr, escapar... Era increible pero la rabia estaba empezando a coronar mis instintos... Estaba entre la espada y la pared. Entre verjas, secuestrada en mi propios miedos y con la persona a la que menos quería ver en aquel preciso instante. Observé la marca roja sobre mi piel a la altura de la rodilla, tan blanca, que había dejado mi propia postura, al tener las piernas la una sobre la otra.

Entonces era cierto. Había llegado a ser como él. Como su padre.
No quedaba ya nada de la Camilla a la que conocí y con la que tanto había compartido. Aquella era la demostración de una realidad que quizá había tardado demasiado en asimilar. ¿No era cierto?

Me preguntó mi nombre. No, en realidad me ordenó que se lo dijese.
No soy una persona que cumple ordenes, desde luego y creo que es bastante evidente, pero lo que no soy es idiota. Y como alguien medianamente inteligente me limité a cumplir lo que más me convenía, sobre todo para ganar tiempo y pensar con rapidez.

-Reesa. -Dije. - Reesa Evans.

No tenía ni idea de donde había sacado aquel nombre, quizá de entre las piedrecillas de cemento depositadas en el suelo de obra de la celda. Grises, vacías, llenas solo de luz artificial.

Seguía sin levantar la cabeza. Me descubriría tarde o temprano. Eso era casi seguro.
Pero empezaba a preguntarme a mí misma si realmente me conocía.
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Camilla A. Träff
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MensajeTema: Re: ¿Te conozco? [Camilla y libre]   Sáb Sep 18 2010, 10:05

Reesa Evans. Alcé una ceja. Me pareció notar cierto tono de duda en su voz, como si una niña acabase de poner una excusa recién pensada para evadir cualquier otra travesura. La chica tenía la vista fija en el suelo, aún. Y sin darme cuenta posé mi mirada en ella más tiempo del que debería. Pero había algo que me resultaba tan familiar... Y sin embargo ninguna Reesa Evans había pasado por las celdas. Al menos que yo rcordase. Y yo suelo recordar bien a todos los que pasan por allí... Aunque claro, ultimamente estaban siendo demasiados. Demasiados delitos, demasiados presos, demasiados problemas... Demasiadas responsabilidades.
Por primera vez en los dos años que llevaba ejerciendo de inspectora, empezaba a dudar si verdaderamente iba a ser capaz de salir adelante con toda una ciudad.
Perdida en mis pensamientos, y sin a penas darme cuenta, recorrí cada curva del estilizado y blaquecino cuerpo de la chica nueva, en un vano intento de recordar. Su piel, en apariencia suave y a la vez tan perfecta, hacía que un punzante dolor de cabeza empezase a aparecer en mis sienes. No conseguía recordar, y eso me exasperaba.

- Bien - Dije, aprovechando para escupir la palabra a modo de suspiro, agotado e impaciente. - Vosotros ya sabeis lo que toca. - Dije dirigiendo la mirada, por primera vez en mucho rato, hacia los otros presos. Noté como me miraban confusos. Tal vez había estado demasiado tiempo con la vista clavada en la chica. - Y tú... - Dije, al tiempo que olvía a abrir la carpeta de archivos que aun sostenía en las manos. Quería comprobar si tenía algun tipo de antecedentes, aunque no fuese aquí en Londres. O si había estado involucrada en algun delito, aunque fuese de forma indirecta, como mero observador. En estos tiempos que corren todo vale. Pasando la vista por cada apartado de su ficha, sin prestar atención a los primeros, observé los que buscaba. Nada. Estaban en blanco. Sería pricipiante, suspuse, en el mundo de la prostitución... Justo cuando fui a cerrar la carpeta de nuevo, eche un rapido vistazo a su fecha de nacimiento. Por curiosidad. Las putas cada vez eran más jovenes.
Sentí que un nudo se atascó en mi garganta, pero el peso de la carpeta hizo que esta se volviese a cerrar, por inercia. Por un momento pensé que la carpeta iría al suelo, ya que la fuerza se me escapaba por la yema de los dedos. Coincidencia. Es una coincidencia... Me decía a mi misma al tiempo que, lenta y cuidadosamente, volvía a abrir la dichosa carpeta. Se llama Reesa. Reesa Evans... Resonaba en mi cabeza, deseando con todas mis fuerzas que fuese así.

Lilyane Isabella Grebe.

El nudo de mi garganta empezó a hacerse mas y mas grande. Pero curiosamente las fuerzas volvieron a mi cuerpo, esta vez con mas intensidad. De un golpe cerré la carpeta, haciendo resonar el sonido por toda la sala. Era extraño, pero de entre todos los sentimientos que me inundaban en aquel momento, el que predominaba era la furia. Sí, estaba furiosa, pero no debía mostrarme así ante los encarcelados. Alcancé las llaves y, de un tirón, abrí la puerta de la celda. Si me pillaban haciendo aquello me la habría ganado.

- Tú. - Dije, alzando más la voz y dirigiendome hacia... ella. Mi tono fue duro, contenido de rabia. Y mi mirada se clavaba en el mismo punto del suelo al que ella prestaba tanta atención. - Ven conmigo. ¡Ahora! - Noté que mi tono de voz iba en constante crecimiento. Y los demás presos también parecieron notarlo pues, en vez de intentar salir - lo cual sabian que no les convenia - dieron un paso hacia atrás, como asustados. Esperé a la reacción de la chica, que seguía inmovil cual estatua de mármol. Sentí que el dolor de cabeza agudizaba, debido a tensión existente entre mis mandíbulas, inferior y superior, que apretaban con fuerza la una con la otra.
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Lilyane I. Grebe
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MensajeTema: Re: ¿Te conozco? [Camilla y libre]   Sáb Sep 18 2010, 14:09

Los nervios me producían náuseas. Un cosquilleo me martilleába en el estómago como mil mariposas revoloteando. Pero no, no era ilusión, ni alegría. Era una mezcla entre miedo y rabia, con la consciencia de la duda, sin saber que va a pasar a continuación.
Seguí conteniendo la respiración y mirando al suelo. Casi podía notar como su mirada, sus pálidos ojos azules, recorrían mi cuerpo. ¿Me reconocería? Era obvio que si tenía alguna ficha sobre mí, y la había encontrado, me reconocería pero... ¿Qué haría entonces?

Comenzó ha hablar con el resto de prostitutas. Tan fría, con una voz tan cansada... No podía creer, no quería creer que realmente me estaba pasando esto a mí. Que estaba viviendo esos momentos tan grises, tan soñados en pesadillas.

-Y tú... - Pensé que se me iba a salir el corazón del pecho. Latía desvocado, y tal fuerte que temía que en algún momento pudiese llegar a escucharse. Abrió la carpeta y no dijo nada, ojeando tranquilamente el papel casi en blanco por los delitos anónimos obrados por mis propias manos. Nunca me habían atrapado. Nunca. Y ahora, patéticamente estaba en una celda siendo procesada por un delito que no cometo. Las putas nunca se revelan así que pensé que lo mejor sería seguirles el juego hasta lograr un minuto ciego para escapar. Pero no había habido tal minuto.

Silencio.
No hubo más que un largo y pesado silencio entre sus labios que hizo que al sonar, su voz fuese casi un yugo que me impedía levantarme.

Ahora sí. Lo sabía.

-- Me llamó.- Ven conmigo. ¡Ahora!. -Su voz era como pequeñas bombas cargadas de sonido que estallaban llenas de rabia en mis oídos.
No tenía miedo. Desde luego. Sentía rabia pero a la vez curiosidad ¿Qué haría ahora? ¿Como se sentiría? No iba a mirarla. No aún. Por mucho que quisiera observar su rostro en busca de una mueca de sentimientos encontrados. Abrió la puerta de la celda. Las prostitutas ni si quiera se movieron, sino que más bien se quedaron paralizadas. Con miedo.

Evalué la situación, ya que era lo más inteligente que podía hacer, antes de dar el próximo paso. Antes de perder más tiempo en esta lenta partida de ajedrez.

No podía huir, sería lo más estúpido del mundo. Ni si quiera tenía armas y en la comisaría debía haber al rededor de 50 personas. Además, no había muchos más activistas de grupos al menos en ese pasillo por lo que liberarles para ayudarnos iba a ser imposible. Y dudaba que aquellas prostitutas supiesen lo más mínimo de lucha.
Suspiré. No podía enfrentarme a ella. Y no iba a preguntar. No ahora.

Lo más lógico sería hacerle caso a ver donde me llevaba y que clase de oportunidades podían abrirseme camino en otra situación.

Me levanté lentamente, con los brazos estirados a cada lado de mi demasiado delgado cuerpo y avancé a pequeños pasitos hasta la puerta. Una vez en el humbral de la celda me detuve, aún con la cabeza gacha. Y suspiré. Pensé en decirles algo a mis compañeras de celda pero no merecía la pena. Guardé las distancias entre nosotras dandole espacio para cerrar la berja de nuevo. Seguí mirando sus tacones negros de aguja, sin darle posibilidad de mirar del todo su cara.

Un flash vino a mi memoria, un flash de cuando jugábamos con los tacones de mamá y corríamos de un lado a otro del pasillo jugando a ser damiselas con apenas seis o siete años. Cuando partíamos las barras de carmín. Cuando sonreíamos.

Una bola de rabia se instaló en mi garganta y tragué saliva, esperando instrucciones mientras disipaba aquella niebla del recuerdo de mi mente.
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Camilla A. Träff
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MensajeTema: Re: ¿Te conozco? [Camilla y libre]   Sáb Sep 18 2010, 14:51

No levantó la vista. Y sin embargo yo esperaba cómo una estúpida que lo hubiese hecho. Una vez se hubo levantado la seguí fijamente con la mirada, intentando visualizar sus ojos, que seguían clavados en el suelo, tapados por su rubio y fino cabello, que caía alrededor de su cara, ocultándola. Ella siempre tan inteligente. Tan medidora con sus pasos. Tan previsora, tan juiciosa... Sin duda, bastante contraria a mí. De haber sido yo habría actuado y la habría cagado. Habría intentado escapar, en vano. Pero lo habría intentado. Sin embargo ella sabía con certeza que aquella no era la mejor opción, y era un alivio para mí que hubiese actuado, aunque suene irónico - ya que se encontraba encarcelada -, prudentemente.
Me encontré preguntándome a mí misma si de verdad la conocía tan bien como la conocí una vez.
De un portazo volví a cerrar la verja, dejando dentro a los demás detenidos y sin perderla de vista. Sabía que no intentaría escapar. A pesar de todo el tiempo que había pasado, algo seguía diciendome que mi hermana seguía sin ser estúpida. No lo suficiente para intentar huir, pero sí lo suficiente, al parecer, para desperdiciar su vida como una prostituta. Sin decir nada más, empecé a caminar a paso ligero hacia la puerta, esperando que ella me siguiese.
Salimos de allí. Notaba que, a una cierta distancia, ella me seguía a mis espaldas. Los guardias de las puertas no supieron muy bien qué hacer, pero con un simple gesto les indiqué que estaba todo bajo control. Atravesamos el pasillo hasta llegar a una nueva puerta. La abrí de par en par y entré, situandome al lado de la puerta, a la espera de que pasase. Era una habitación amplia y sin mucho mobiliario. Una mesa y dos sillas, una en cada extremo. Era una sala de interrogatorio, con su típico espejo/ventana en la pared. Pero esta vez, al otro lado, no había nadie. Con paso tranquilo Lilyane entró, y tras ella cerré la puerta, dejando que solo la luz de la estropeada lámpara, cutre y desgastada, iluminase la sala. Dejé caer con rabia la carpeta de archivos sobre la mesa y retiré una de las sillas de la mesa, haciéndole entender que se sentase. Esta vez no era una orden. Podía hacerlo solo si quería.
Me coloqué al lado de la otra silla, sin sentarme, de espaldas a ella. Tal vez no estaba preparada para encontrarme con su mirada.
Cogí aire y abrí la boca, buscando qué decir. Había tantas cosas que me gustaría decirle, y tantas que preguntarle. Tantas que reprocharle y tantas que... no debería decir. Al menos no en ese momento.

- Con que puta... - Dije, con cierto tono despectivo, pero esta vez mas calmado. No podía soportar la idea de que mi hermana hubiese escapado de casa para convertirse en... en lo que, supuestamente, era. No. No podía ser posible. Aguardé sin girarme, con la vista fija en la pared, su respuesta. Apreté los ùños con rabia y los metí en los bolsillos de mi chaqueta, intentando mostrarme indiferente. Pero no; no me era indiferente.
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¿Te conozco? [Camilla y libre]
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